Mayo ha sido un mes agridulce. Por un lado, lo recordaremos como el mes de la desescalada, de la liberación; por otro, el mes en el que descubrimos que las personas no habÃan aprendido nada del confinamiento. Si bien me alegró poder salir a pasear entre los campos de flores (¡estaban preciosos!), una parte de mà sintió rechazo a la nueva normalidad.
Es decir, durante mes y medio mis únicas preocupaciones fueron quedarme sin levadura y agotar mis productos de belleza. Tan solo pensar en volver de nuevo a funcionar, tener responsabilidades, ver a gente, trabajar luchando con las personas para que respeten la distancia de seguridad... Me echaba para atrás. Ahora ya estoy de nuevo on board, pero los primeros dÃas fueron extraños.
Sin embargo, prefiero quedarme con lo bueno. Poder volver a pasar tiempo con Mr. Preppy, poder volver a hacer sesiones de fotos, poder ver la naturaleza y respirar aire puro. Esa es mi verdadera felicidad. Me dan igual los eventos, las terrazas, los programas de entretenimiento y las fiestas, yo solo querÃa eso y ya lo tengo.
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| La imagen de uno de mis primeros paseos |
Todo esto me hace pensar en lo privilegiada que soy. Sé que en comparación con otros yo no tengo gran cosa, pero también sé que muchÃsimas personas no pueden aspirar siquiera a esto. Yo no lo he pasado mal en la cuarentena: no he sufrido la pérdida de un ser querido, no he pasado dificultades económicas (sà que he dejado de trabajar debido al cierre de los centros de mayores y la paralización de los proyectos municipales, pero en casa hemos seguido teniendo ingresos y no nos ha faltado de nada), he encontrado siempre algo positivo que hacer en mi casa, he tenido un buen ambiente en casa, he tenido clases online de forma normal... No me puedo quejar, francamente. Y creedme que no lo doy por sentado y que soy consciente de lo afortunada que soy cada dÃa.
Os dejo de dar la brasa. Esto es lo que he descubierto este mes:








