El verano es la estación de los viajes por excelencia. Disponemos de más tiempo para visitar destinos desconocidos, recorrer kilómetros para juntarnos con esas personas que viven lejos, volver a casa si vivimos en otra ciudad... En definitiva, disfrutar de las vacaciones viajando. Y todo eso no se resume en otra cosa que: maletas.
Maletas para arriba, maletas para abajo. Maleta grande. Equipaje de mano. Bolsas de fin de semana. ¡Horror! No sé vosotros, pero yo odio hacer las maletas. Cada poco estoy viajando, pues es lo que tiene tener familia esparcida por toda la geografía española, y no soporto la idea de pasarme horas comiéndome la cabeza con qué llevar, cuántos días, si repetiré conjunto, si todo tiene que combinar, qué tiempo hará... Conclusión: dolor de cabeza.
Lo único bueno de viajar tanto es que aprendes a hacer bien una maleta. Soy una persona que ama la organización, y siempre me obligo a mí misma a cumplir ciertos objetivos: llevar x maletas, tardar x tiempo, tener el equipaje en la puerta a x hora... Y como fiel amante de la organización (A veces exagerada) sigo un riguroso plan maletil que repito siempre que me toca en rigoroso orden.
Hoy, aprovechando la época maletera, os enseño mi método. Si lo hacéis bien, no deberíais tardar más de dos horas.
