Cuando un viaje de seis horas se transforma en uno de doce. Cuando tras las ventanas del coche en dicho viaje solo se ven terrenos secos y el brillo de un sol infernal en la carrocerÃa del coche de delante. Cuando te das cuenta de que has olvidado algo importante en un área de servicio que pasaste hacÃa hora y media y debes regresar. Cuando, por culpa de todo aquello, te tienes que resignar a disfrutar de un dÃa menos de vacaciones.
Ay, las vacaciones... La época en la que descansamos de todo el estrés de nuestras vidas, del humo de las ciudades, de las personas que estamos obligados a aguantar... Es curioso como en muchas ocasiones el tiempo de respiro se convierte en el tiempo de estrés y lo único que te tranquiliza es visualizar el dÃa de la vuelta a casa, que, de repente, se transforma en el mismÃsimo paraÃso.
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