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La vida no es una línea recta

Estaba navegando por mis blogs favoritos cuando leí la siguiente frase en el de Carly (que, para los que no me conozcáis lo suficiente, es mi #1 blogger favorita incuestionable): "la vida no sigue una línea recta, ni siquiera para aquellos que tienen todo planeado". Lo cierto es que nunca suelo escribir un post reflexivo basado en otro anteriormente escrito, pero cuando leí esto supe que tenía que "hablar" de ello.

Por unas cuestiones o por otras, esta es mi situación personal. Si la vida realmente fuera una línea recta, yo hace tiempo que hubiera descarrilado. En este punto de mi vida siento que voy dando tumbos. He cambiado tantas veces de rumbo que he olvidado cuál era mi meta original, si es que alguna vez tuve una.

Pero aunque pueda sonar triste o decepcionante, para mí es todo lo contrario. Ya no es que mi vida no sea una línea recta, sino que me niego a pensar que pueda serlo. Si me hubieran preguntado acerca del tema hace tan solo unos meses, probablemente me hubiera puesto a llorar desconsoladamente, pero en este momento creo firmemente que no tener un camino marcado es lo mejor que nos puede pasar.


Foto hecha por Manuel Laya

Be positive!



Cuando un viaje de seis horas se transforma en uno de doce. Cuando tras las ventanas del coche en dicho viaje solo se ven terrenos secos y el brillo de un sol infernal en la carrocería del coche de delante. Cuando te das cuenta de que has olvidado algo importante en un área de servicio que pasaste hacía hora y media y debes regresar. Cuando, por culpa de todo aquello, te tienes que resignar a disfrutar de un día menos de vacaciones.

Ay, las vacaciones... La época en la que descansamos de todo el estrés de nuestras vidas, del humo de las ciudades, de las personas que estamos obligados a aguantar... Es curioso como en muchas ocasiones el tiempo de respiro se convierte en el tiempo de estrés y lo único que te tranquiliza es visualizar el día de la vuelta a casa, que, de repente, se transforma en el mismísimo paraíso.

Crecer

Nunca me ha gustado la idea de crecer. Durante toda mi vida he deseado algún método para permanecer en la mejor edad posible. Primero pensaba que los quince eran lo mejor, hasta que llegaron los dieciséis y las ventajas de estar en bachillerato. Después desee tener para siempre esos fantásticos diecisiete, hasta que los dieciocho y sus fiestas me hipnotizaron. Me volvió a suceder con los diecinueve y la vida universitaria, y, evidentemente, con los veinte. Pero cada vez que deseaba no crecer, más me daba cuenta de que lo que no deseaba era volver a los que había creído mis mejores años.

Una vez, caminando junto a mi madre por el paseo marítimo de Las Arenas, le pregunté si ella no desearía volver a ser joven, a tener mi edad por aquel entonces. Su respuesta que sorprendió: un rotundo no. Me dijo que disfrutaba de las novedades de cada año y que, sobre todo, no deseaba volver a la adolescencia, la cual recordaba como una pesadilla llena de granos. Para mí, una adolescente en plena edad del pavo, me pareció una locura. Los adolescentes no teníamos preocupaciones más allá de los exámenes, el acné, los chicos de clase y los aparatos dentales. Podíamos perder la tarde jugando a la PS y no pasaba nada.


Cómo luchar contra el miedo

El miedo es esa sensación angustiosa que te devora el estómago, impidiéndote continuar con tu vida y hundiéndote en un mar de dudas y nervios. Muchos de esos nervios ni siquiera sabes de dónde vienen o, tan siquiera, tienen una base real. Tendemos a angustiarnos por situaciones que imaginamos que pueden suceder y nos aterran. Y creedme, porque os habla la chica con más miedos e inseguridades de este mundo.

Incluso si vuestra situación no es esa, porque sabéis exactamente lo que os aterra o porque no sois personas con tendencia a ese tipo de comportamientos, es algo que puede suceder. Es más, es bastante probable que suceda en determinados momentos, independientemente de la situación. Puede suceder con situaciones que se nos presentan novedosas y llenas de incertidumbre, o, de un día para otro, situaciones completamente cotidianas.