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Tu oficina en casa

Parece que el teletrabajo ha llegado para quedarse. O eso quiero pensar yo. Todas esas empresas que decían que el teletrabajo no era posible se han dado cuenta (de lo que ya sabíamos todos) gracias a la cuarentena de que sí lo era, y que, además, presenta grandes ventajas. Si bien es cierto que el teletrabajo no es para todo el mundo, ya que se necesita una determinada actitud y un ambiente adecuado, muchos han visto en este método laboral la manera ideal de compaginar su vida privada con su trabajo y de poder vivir en otros lugares más remotos.

Hace ya tiempo que no trabajo desde casa y, cuando lo hacía, era solo a tiempo parcial (salía a cubrir las noticias y redactaba en casa), por lo que no vengo a daros consejos para el teletrabajo. Además, para eso llegaría un poquito tarde. No, vengo a ayudaros a crear vuestra oficina perfecta en casa.

Antes el teletrabajo era más una medida temporal in extremis que otra cosa, pero ahora parece que se está alargando en el tiempo o que muchas empresas lo están adoptando a medio plazo. Es el momento de crear un espacio de trabajo en el que sentirnos motivados, cómodos y creativos. Y en eso la organización y la decoración juegan un papel fundamental. Hoy os doy algunas ideas y consejos para hacer de vuestra oficina en casa un sitio en el que trabajar a gusto.





Un giro profesional

El mundo (aka las redes sociales) está tan lleno de imágenes que nos hacen creer en la perfección que a veces necesitamos un poquito de realidad para sentirnos humanos. Es por eso que hoy necesito hablar un poco sobre mi vida y los caminos que me han llevado hasta donde estoy ahora. 

Que no os engañen las fotos sonrientes ni las frases positivas, TODOS vivimos malos momentos y no siempre estamos radiantes de felicidad.

El giro profesional del que os voy a hablar hoy nació de uno de esos malos momentos. Long story short: he decidido dejar a un lado el trabajo en los medios de comunicación, por mucho que me guste, y reconducir mi carrera para formarme como profesora de Procesos y Medios de comunicación, una de las ramas de la Formación Profesional.


Foto hecha por Manuel Laya


Elegir tu carrera no va a definir tu vida

Últimamente no hago más que encontrarme gente indecisa. Personalmente, odio tomar decisiones y es algo que me supone pasar por una temporada de dolores de estómago (por no decir de cabeza), así que lo entiendo perfectamente. Concretamente, muchos de los adolescentes con los que hablo, normalmente hermanos de amigos o hijos de compañeros de mi madre, están pasando el peor tiempo de su vida intentando averiguar qué es lo que quieren hacer en el futuro o qué opción tomar con respecto a sus estudios.

Por si hay alguien que se sienta identificado con la descripción, yo no voy a solucionar ese problema, quiero que lo sepas, pero quiero ayudar a que consigas llegar a la decisión haciendo que te sientas menos nervioso. Dicho por alguien que ha terminado sus estudios, los que siempre quiso hacer, no hay literalmente nada de lo que preocuparse.

Elegir una carrera, ya sea universitaria o no, es un paso importante, sí, pero no lo suficiente. Una carrera, aunque ahora puedas pensarlo, no va a definir tu vida. Ni siquiera tu trabajo. En muchas ocasiones tan solo es un mero trámite.

Es evidente que ahora no lo ves así. Yo tampoco lo veía así. Lo pasé terriblemente mal en el verano anterior a empezar la universidad y ese malestar no se me pasó hasta que tomé una decisión. Creía que estaba tomando la decisión más trascendental de mi vida, pero estaba completamente equivocada. Y te diré por qué.


Foto hecha por Manuel Laya.
Por si nunca me habíais visto trabajando. Estaba en un pleno de la Diputación.

Lo que he aprendido de mis prácticas de verano

Hubo una entrada que nunca llegué a publicar. Era larga y llena de reflexiones sobre lo que estaba pasando en mi vida. Y es que, como ya os conté, el fin de mi etapa de máster me provocó una ansiedad terrible con la que tuve que lidiar. Afortunadamente, le gané la batalla. Pero para ello tuve que entender qué me estaba sucediendo y por qué. La respuesta a eso fue muy simple: tenía miedo.

Cometemos un grave error subestimando al miedo. El miedo no es solo esa sensación que tenemos cuando creemos que hay monstruos en el armario. El miedo es algo tan común que podemos llegar a experimentar varias veces en un solo día y en situaciones cotidianas. Miedo a que nos dejen solos, a ser peores que los demás en algo, a encontrarnos a alguien no deseado por la calle, a que nos despidan del trabajo, a no dar la talla en una tarea... En mi caso, tenía miedo a qué me esperaba después. A no creer si sería capaz de estar en un puesto de trabajo, o tan siquiera encontrarlo.

¿Sabéis cuál es la reacción más lógica ante el miedo? Huir. Sin embargo, la mejor manera de superar un miedo y que este se vaya de nuestra cabeza para siempre es enfrentarlo. Así que, sin esperar a que nadie me dijera lo que tenía que hacer, eso hice, pedir prácticas en un periódico y salir al mundo laboral de un saltito.

No solo perdí el miedo, sino que me encantó hacerlo. He aprendido mucho en estos tres meses, he conocido partes de mí misma que pensaba que no existían y me he puesto a prueba constantemente, sin permitirme decir que no a nada. El resultado ha sido maravilloso y una de las mejores experiencias de mi vida. Hoy he realizado mi última rueda de prensa como becaria en La Crónica de Salamanca, y quiero compartir con vosotros todo lo que he aprendido.