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Convivir con la pérdida

De pequeños solemos pensar que la realidad que vivimos es como siempre va a ser, que hay una jerarquía inamovible entre hijos, padres y abuelos. Yo recuerdo que pensaba que siempre iba a ser una niña. Sí, tenía constancia de que cumplía años, pero no de lo que eso significaba realmente. No sé, es raro. La cuestión es que, hasta cierta edad, no notamos los cambios en nuestra vida. Situación económica, mudanzas, rupturas, pérdidas...

Llevo unos días pensando que, quizá, parte de la madurez sea aprender a convivir con la pérdida. Si de pequeños apenas nos percatábamos, de adolescentes lo sentimos más. Las primeras rupturas son muy dolorosas, el distanciamiento con grandes amigos, la pérdida de un ser querido... Conforme vamos creciendo es cuando vamos aprendiendo que todo eso es parte natural de la vida y que hay que convivir con ello de la mejor manera posible, ya que las personas van y vienen en nuestras vidas, por unas u otras razones.

Todo esto ha venido a raíz del fallecimiento de mi abuelo. (Es por eso que mi actividad en el blog se vio afectada). Para mí, está siendo muy difícil, pero, por otro lado, una parte de mí sabe que es un proceso natural por el que tenía que pasar tarde o temprano y del que no se libra nadie. Dejando a un lado los tópicos, esa es la única verdad que hay que pensar cuando toca enfrentarse a un pérdida.




Here Comes the Sun

Ya huele a primavera, ¿verdad? Y no lo digo como una de esas "frases hechas" que se dicen, sino porque es verdad. Esta mañana he colgado la ropa fuera, cosa que hago cuando vuelve el buen tiempo, y el olor del ambiente era diferente. Olía a primavera.

Y es que, como decían los Beatles, Here Comes the Sun tururu. Cuando sale el sol es como si todo mejorase de repente. Tenemos más energía y más ganas de hacer cosas. En definitiva, somos más positivos. Somos como las lagartijas, en cuanto hace un poquito de sol, todos salimos en busca de esos rayos curativos que no hemos visto en meses. Y comenzamos a ver flores, sentir el calor, los días son más largos... En fin, parece que todo mejora un poquito.




Vive la vida que has imaginado

Vivimos en un mundo en el que existen demasiados “Debería hacer…”. Pero no hablo de los propósitos de Año Nuevo ni nada de eso. Hablo de lo que está considerado como el deber. Graduarse en el instituto e, inmediatamente, hacer una carrera. Como si eso fuera una meta o la única vía hacia el éxito. Y, cuando tenemos dicha carrera, hacer unas prácticas y encontrar un puesto de trabajo digno. Te guste o no.

Pero, ¿por qué? Cuando hay una persona que se rebela contra todo esto y dice “No me apetece” todos se le echan encima como leones. “¡Deberías hacerlo!”. Como si solo existiera un camino para todos. Como si todo el que estudia derecho tuviera que trabajar en el mismo bufete durante 50 años. Como si todo estudiante de periodismo tuviera que trabajar en El País. Como si todo el que tiene filología tuviera que ser profesor. ¿Y si no quiere? ¿Y si después de terminar la carrera se ha dado cuenta de que lo que ama es cocinar? “¡Pero no puede, porque tiraría su carrera a la basura!”

¿Y qué? La vida es cambio. Es descubrimiento. Es salirte del camino establecido para abrirte paso entre la hierba por la que nadie ha pisado antes. Yo no sé vosotros, pero aún estoy experimentando la vida. Será que no leí bien el manual de instrucciones, pero yo me he dado cuenta de que solo me siento cómoda realizando aquello que va bien para mí según yo, aunque el resto del mundo no lo vea así. Quiero llegar a la vida que me he imaginado, no a la que todos creen que debo llegar.