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Vive la vida que has imaginado

Vivimos en un mundo en el que existen demasiados “Debería hacer…”. Pero no hablo de los propósitos de Año Nuevo ni nada de eso. Hablo de lo que está considerado como el deber. Graduarse en el instituto e, inmediatamente, hacer una carrera. Como si eso fuera una meta o la única vía hacia el éxito. Y, cuando tenemos dicha carrera, hacer unas prácticas y encontrar un puesto de trabajo digno. Te guste o no.

Pero, ¿por qué? Cuando hay una persona que se rebela contra todo esto y dice “No me apetece” todos se le echan encima como leones. “¡Deberías hacerlo!”. Como si solo existiera un camino para todos. Como si todo el que estudia derecho tuviera que trabajar en el mismo bufete durante 50 años. Como si todo estudiante de periodismo tuviera que trabajar en El País. Como si todo el que tiene filología tuviera que ser profesor. ¿Y si no quiere? ¿Y si después de terminar la carrera se ha dado cuenta de que lo que ama es cocinar? “¡Pero no puede, porque tiraría su carrera a la basura!”

¿Y qué? La vida es cambio. Es descubrimiento. Es salirte del camino establecido para abrirte paso entre la hierba por la que nadie ha pisado antes. Yo no sé vosotros, pero aún estoy experimentando la vida. Será que no leí bien el manual de instrucciones, pero yo me he dado cuenta de que solo me siento cómoda realizando aquello que va bien para mí según yo, aunque el resto del mundo no lo vea así. Quiero llegar a la vida que me he imaginado, no a la que todos creen que debo llegar.




Propósitos para 2015

¡Feliz año nuevo!

Ya estamos en enero... Madre mía. Es raro pensarlo, ¿Verdad?

Comenzamos el año después de haber sobrevivido a la Nochevieja. No sé si lo había mencionado pero odio la Nochevieja. Es como si existiera un algo que te dice al oído que es absolutamente obligatorio salir hasta el amanecer, te apetezca o no. Podrás salir todos los días, pero esta noche es, sin duda, la peor. Sin embargo, ya sabéis, es año nuevo... Hay que empezar bien... Y, si no salimos, como que no estamos disfrutando de la vida. Así que salimos. Y, ya que salimos, pues con el mejor vestido posible.

Ahora es tiempo de focalizarse en los propósitos de año nuevo. Esos famosos propósitos que tienen fama de no cumplirse, pero que no es del todo cierto. Lo que pasa es que la mayoría de las veces nos proponemos cosas que, en realidad, no queremos hacer, como algo muy lejano. Y lo que hay que hacer es proponerse cosas cercanas, que sabes que vas a intentar cumplir porque verdaderamente las deseas. O cosas pequeñas y concretas que dejan atrás esos universalismos de adelgazar y dejar de fumar.

¿Queréis saber cuales son los míos?



¿Normalidad? No, gracias.

¿Qué es la normalidad?

Se supone que ser normal es llevar una vida igual o parecida a lo que dicta la mayoría. Si todos van de rojo, lo normal sería vestir el rojo. Y si todos visten el azul, eres el raro que va de rojo. Es así, ¿No? Vale, pero entonces, ¿Que es lo que hace la mayoría? La mayoría va al colegio, pasa al instituto, elige una rama de bachillerato, se gradúa, elige una carrera, va a la universidad, se vuelve a graduar, hace unas prácticas, consigue un trabajo y se muda. Podemos cambiar universidad por grado o lo que sea, tampoco importa mucho eso mientras que te guíe a una vida laboral plena.

Y ya está. Esa es la vida fácil y normal, la que nuestros padres desean para nosotros. Estabilidad, una pareja, un perro lanudo y retirarse a la casa de un lago tras la jubilación tras la que te regalan un reloj de oro tus compañeros de la empresa en la que llevas trabajando los últimos veinte años de tu vida.